Lloré sobre las hojas secas y la maleza comenzó a cobrar vida bajo mis pies. Atrapada por los rastrojos e incapaz de poder moverme, éstos tiraron de mí y me hicieron caer. Me arrastraron ladera abajo, magullándome y haciéndome enormes cortes bajo mi ropa desgarrada. No había nadie a quien pedir ayuda, por más que gritase nadie escucharía mi lamento. Tenía tanto miedo que mi mente sólo se refugiaba en pensar cuándo acabaría todo aquello.
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